Luis E. Villegas N.
La dinámica política de nuestra contemporaneidad esta caracterizada por una línea divisoria muy tenue entre derechas e izquierdas, que llevan a pensar y algunos afirmar que tal sector no existe. Ambas perspectivas políticas luchan por ocupar el espacio político que denominan centro. Tal configuración nos muestra una realidad política donde identificar una izquierda genuina es un proceso de reflexión complejo, dado que existe una tal denominación más no un que-hacer coherente con la definición.
Reflexionemos a partir de una caso practico. Generalmente Nos encontramos con ciertas instituciones sociales, que antes se definían como movimientos u organizaciones obreras de base, que hoy proclaman como bandera de lucha “Un trabajo digno”. En esa nueva jerga ideológica también entran algunos otros sinónimos: “Dignidad del trabajo”; “Trabajo sin patrón”; Emprendedores; etc. Este cambio cómo debemos interpretarlo, ¿Cambio de posición ideológica o presencia de nuevos tiempos?
Estas manifestaciones del hecho político nos recuerdan algunas expresiones ideológicas que se hacen pasar como científicas, históricas y hasta filosóficas, las cuales, en resumidas cuentas sólo justifican al Sistema Capitalista: “El mercado regula la vida sin necesidad de ser intervenido”; “Las utopías quedaron en el pasado: “Estamos en el período del fin de los grandes relatos tales como el cristiano o el comunista, entre otros que motorizaban la historia? “ ¡La vida es ahora, mañana es tarde!.. Éstas y muchas otras expresiones caracterizan nuestro mundo pos-moderno.
En este marco ideológico general se ha integrado la izquierda y que competencia con la derecha buscan ocupar “un centro político”. Unos pregonando un Capitalismo popular y los otros, distanciarse de posiciones idealistas que que no caben en este mundo pragmático. Por supuesto los gobiernos “progres” asumen el reformismo como eje central de la política, renunciando por imposible a la posibilitad de cambios revolucionarios.
Estas manifestaciones nos recuerdan la pregunta del Zaratustra al bajar de la montaña en su encuentro con el eremita: ¿Será que no se ha enterado de la muerte de Dios? Esta metáfora puede aplicarse a nosotros en sentido inverso: ¿Será que no nos hemos enterado que el mundo cambió y que somos pos-modernos?
Cierto que han ocurrido cambios en el mundo, sin embargo, seguimos viviendo en el mismo mundo, más allá de lo ideológico. Hay elementos que permanecen sin modificación: El trabajo humano no ha desaparecido a pesar de los desarrollos técnico-científicos. Lo mismo podemos decir del hambre de millones de personas, la miseria y la explotación obrera. El obrero, es cierto, ya no es el fabril, pero su condición no ha desaparecido. Millones de personas dependen de un trabajo y un salario. La brecha entre ricos y pobres cada vez se hace man ancha. El mundo cambió, es cierto; pero la Condición Humana sigue igualmente degradada en su desarrollo dentro de un Sistema basado en el capital.
|Desde los orígenes del movimiento obrero su bandera ha sido la destrucción del Sistema Capitalista y la emancipación obrera de la explotación en el trabajo. Desde el Manifiesto Comunista y las revoluciones europeas de 1848, hasta la Huelga petrolera venezolana de 1936 y el período de huelgas salvajes de principios de los setenta en Venezuela, la consigna y el objetivo del Movimiento Obrero fue la misma, ¡Derrocamiento del Sistema capitalista y emancipación de la explotación obrera por el trabajo!
Reivindicar “un trabajo digno”, como consigna central de esas nuevas organizaciones que se auto definen como sociales, implica o bien una ignorancia de la historia obrera o una manipulación histórica premeditada. El hecho no tiene otra lectura que traicionar y negar los ideales de la Clase Obrera.
Del mismo modo, pretender convertir al Movimiento Obrero y social en un accionar de instituciones “no gubernamentales” asociadas al financiamiento de las corporaciones y de instituciones internacionales al servicio de esas mismas instituciones, es sencillamente haberse pasado al servicio de la patronal, asumiendo el plan de “humanizar al capitalismo y frenar el desarrollo de la conciencia de clase obrera.
Es decir, ideológicamente se pretende integrar a los trabajadores a la realidad “liquida” proclamada por algunos filósofos. Dicho en términos políticos clásicos, es haberse convertido políticamente en reaccionario.
Douglas Sucre escribió en WhatsApp
ResponderEliminarInteresante, pero parcial. Igualmente podría decirse que luchar por salario es reformista y abandona la lucha revolucionaria. Pero no necesariamente es así. Las reivindicaciones concretas son la chispa que pone en movimiento a la clase, pues son las necesidades que le apremian. Distinto es si nos contentamos con ellas y no explicamos el por qué nos vemos en la necesidad de una lucha eterna por salario o trabajo digno en esta sociedad. De lo que se trata es de que los trabajadores hagan su experiencia y demostrarle que esa lucha parcial no es suficiente y cada vez es más difícil triunfar sin hacer temblar todo el sistema. Entonces, para qué hacerlo temblar cada cierto tiempo cuando podemos terminar con él para terminar con la eterna agonía de llegar a fin de mes?
Amigo Douglas Sucre. Gracias por haber respondido al artículo. Lastima que no fuera en el propio blog para dar chance a otros compañeros de hacerlo. El dialogo en torno a la realidad obrera es el espacio político por excelencia. Con respecto a su opinión en la necesidad de la reivindicación obrera, estoy totalmente de acuerdo con Ud. La lucha cotidiana es la escuela de los trabajadores donde se consolida la conciencia de clase. Ahora bien, hay que considerar que no todas las reivindicaciones tienen el mismo peso político; Unas son el fundamento político, como lo es la lucha por el salario que manifiesta la contradicción Capital/ Trabajo; pero hay otras que políticamente son secundarias; aún cuando posibilite el ejercicio de la lucha. Lo planteado en el articulo, lo que pretende decir, es que el pragmatismo actual y la falta de consistencia ideológica desvirtúa la lucha obrera porque pone el centro en lo secundario y no en la contradicción principal. Esta es la característica actual de una izquierda que no es tal, aún cuando en su discurso lo proclame. Saludos camarada. Gracias.
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