País tutelado IV / ¡Callamos por fidelidad...!
Luis E. Villegas N
La realidad venezolana, tras los hechos del 3 de Enero, ha pasado por un largo período de luto político marcado por el silencio y la resignación frente a la realidad en que fue sumido el país. Luto bajo el cual se legisla para adecuarnos a la nueva realidad de entrega de los recursos del país a los EE.UU.
También es cierto que sectores políticos del país aplaudían y promovían acciones de intervención, como parte de sus plataformas políticas. Sus expectativas no eran otras que la potencia extranjera les asignara la representación y gestión de la entrega de los recursos.
La población en general, se encontraba con reacciones contradictorias frente a los hechos; siendo asediada por una campaña de desinformación, la cual le permitía a una derecha oportunista mantener la división de un país que así facilitara el control del país.
Tras el largo luto político, hoy hacia finales del año, pareciera ser que entramos en una etapa de superación del luto y comenzamos a asumir la realidad con cierto sentido crítico. Nos referimos, por supuesto, a ese sector político que asumió o bien una postura a favor del gobierno o que formó parte de él, con cargos de responsabilidad político-administrativos o como funcionarios de instancias aledañas o periféricas al gobierno.
Así, pues, el presente momento pareciera ser estar caracterizado por la etapa de aceptación de la realidad, donde se expresan los más enconadas denuncias, vistas desde los procesos internos del gobierno y del partido y por supuesto, donde se denuncia la entrega del país a los EE.UU.
Pero, ¿Cómo no impactarnos desde una terrible realidad que nos hizo descubrir que políticamente estábamos solos, desguarnecidos. Descubrimos, en un abrir y cerrar de ojos, que no teniamos defensa, ejército ni país. Y aún menos aquello que nos hicieron creer por espacio de casi tres décadas que eramos dueños de nuestro destino. Es demasiado dramático el estado en que nos configuramos como país para no captar la realidad que se nos vino encima.
A juicio de esos hombres de revolución, que hoy denuncian y se rasgan las vestiduras, afirman que los hechos no vienen del 3 de enero, sino más atrás. Algunos se declaran ateos y sin embargo piden actos de contrición como los antiguos cristianos cuando reconocían haber pecado. Que paradoja afirmar esto cuando se declaran marxistas leninistas. Reconocen los hechos porque hoy es tan evidente el despojo que no tienen más remedio.
Ante la pregunta de ¿Porque no lo denunciaron antes?, responden.- ¡Callamos por fidelidad a la organización y la revolución!
Esta actitud no es nueva; ha sido estudiada y tiene nombre propio: “!Retórica de la coartada” y pertenece, tanto al ámbito de la psicología como al de la política. En su definición encontramos que los actores, en una situación de quiebre, intentan proteger su imagen y no asumir la culpa real. En su argumentación encuentran culpables externos, así como manifiesta un “ego político”. Sus discursos son ambiguos frente a los hechos, por más evidente que se sean y cuando se nos presente la realidad desnuda, siempre responden: “se cometieron errores”; sin embargo, nunca asumen responsabilidad, nunca dicen: “Yo me equivoque”.
Defensores del chavismo proclaman, como parte de la denuncia que ellos pretenden reconstruir el movimiento revolucionario venezolano, sin hacer balance del proceso político, del cual forman parte, que llevó a desmontar la rebeldía popular y obrera. Convirtieron a un pueblo en servidumbre de un gobierno cuya imagen real es contraria al discurso que predica. Se erigieron gobierno bajo la máxima que son el poder constituido por un pueblo que representa el poder constituyente y por tanto son pueblo en el poder.
Cuando escuchamos que dicen “callamos...”, estos sectores participantes del gobierno, y que hoy llaman a la unidad nacional para recuperar al país de “las garras del imperialismo”; no explican por qué no lo hicieron en una situación dada de una y en una determinada coyuntura del proceso revolucionario en peligro, Al contrario, callar fue una actitud política asumida permanentemente, en función de un gobierno que representaba intereses distintos a la ciudadanía. ¿O acaso, algunos de los hechos (para limitar el listado) que señalamos a continuación no fue una política desarrollada contra los intereses de la ciudadanía?
* Acaso el gobierno no desmonto todas las reivindicaciones obreras, sindicales y populares conquistadas a lo largo del desarrollo del movimiento obrero, desde sus orígenes con la aparición del petróleo; y lo hicieron no como medida de emergencia sino como política de Estado favoreciendo al patrón y la burguesía venezolana? . Y Uds. callaron...
* Acaso no se desmontó y desmovilizó a los trabajadores con un sindicalismo amarillo construido en paralelo al servicio del gobierno? Y Uds. callaron...
* A caso el gobierno no protegió a los empresarios con subsidios y el desmontaje de las condiciones de protección a los trabajadores, que representa el más grande servicio a la burguesía nacional de toda la historia contra los trabajadores venezolanos? Y Uds. Callaron...
* Acaso no se conformó un estado de corrupción fomentado por los distintos grupos de poder que conformaba el gobierno cuyos niveles de robo fueron los más grandes en toda la historia venezolana? Y Ud. Callaron...
No digamos más, la situación actual del pueblo venezolano habla por si misma. Callar cuando las condiciones del desarrollo de la pauperización y entrega del pueblo venezolano a intereses extranjeros estaba en marcha, es participar y ser responsables del mismo proceso. Cuestión que va desde los altos dirigentes revolucionarios, burócratas y toda gama de tarifados hasta los periféricos y aledaños pobladores oportunistas que se constituyeron en funcionarios por las migajas que les arrojaba el gobierno como prebendas.
Como levantar un movimiento popular por gente que participó en tal proceso y no reconoce su propia responsabilidad, configurando lo que se denomina “Retórica de la cuartada”. El proceso de reconstrucción del tejido social y el desarrollo de la dinámica social construida a través de la historia venezolana va mucho más allá de los actuales dirigentes (según dicen) arrepentidos .
Nuestro devenir implica una acción de largo aliento que nos desafía y que va mucho más lejos de los caminos cortos y las salidas pragmáticas. Sin una ruptura real con la mentalidad imperialista y la recuperación del quiebre del ser venezolano; con el desarrollo de una conciencia de clase, en tanto que pueblo luchador y trabajador, lograremos superar el estado actual que atraviesa el país y reconstituir nuestra identidad nacional.
Una cosa es ser militante del movimiento obrero o popular y otra ser funcionario de gobiernos, sea del nivel que sea. Una cosa es ser comunicador social-popular y otra muy distinta ser propagandista de gobierno. Una cosa es ser periodista y otra empleado (mercenario) de una corporación de la información.
Entramos, pues, a una nueva etapa de nuestro proceso histórico, defensa de la independencia y la soberanía.
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