País tutelado III .
Invasión e imaginario político-cultural venezolano. (1)
Luis E. Villegas N.
Se constata que la población venezolana vive hoy un “trauma político cultural”(2) como consecuencia de la invasión estadounidense al territorio venezolano, acaecido el 3 de enero de 2026. Los síntomas que manifiesta el colectivo social muestra que la manera de asumir la imagen de soberanía e independencia que se venía cultivando en el país desde el 5 de Julio de 1810 se derrumbó.
El venezolano, en especial la clase dirigente, responsable de un error político grave, jamás pensó que ese hecho podría consumarse; y por tanto, ideológicamente lo manejaba como una cuestión potencial de un discurso que le permitía consolidar su imagen anti-imperialista, cónsona con la historia republicana venezolana e identificar el gobierno con los fines de su constitución.
Más allá del juego político, la realidad es que el hecho ocurrió después de más de dos cientos años de independencia política. Circunstancia que representa un hecho inédito a partir de concluida la gesta libertadora de Simón Bolívar. El impacto histórico fue de tal magnitud que afecto el imaginario político-ideológico-cultural del venezolano forjado a lo largo de su vida republicana. El golpe recibido fue de tal dimensión, que afectó seriamente nuestro ser colectivo venezolano o venezolanidad. ¡Nos quedamos sin piso!
Vivimos socialmente un trauma psicológico-ideológico de gran magnitud que impacta nuestra identidad como cuerpo social; es decir, en lo que somos como pueblo. La cuestión planteada es: ¿Como comprender, cómo leer este hecho histórico que emerge hoy en la sociedad venezolana? Sin comprender la circunstancia histórica-política por la cual atraviesa el país, es muy difícil encontrar una solución que no sea un paliativo.
La cuestión que se le plantea al país es un desafío de gran magnitud por su compleja comprensión y difícil abordaje histórico. Allí esta inmerso nuestra ética y deber moral en tanto que pueblo, en tanto que ciudadanos que tienen como deber restituir la dignidad de un pueblo que por largos años proclamo e hizo gala de su independencia y soberanía.
Las presentes líneas no pretenden dar respuesta a semejante pregunta, dado que ello implica un proceso colectivo, de pueblo, que aborde tanto el diagnostico colectivo de una sociedad que fue violentada, como de la acción que como pueblo se debe emprender. Tampoco pretendemos adjudicarnos el papel de orientadores de un proceso frente a la crisis del país, el escenario político esta lleno de ellos y colman las redes sociales.
Lo que si corresponde a un espacio como este y dado el lugar que ocupamos, en tanto que proletarios y ciudadanos comunes de esta sociedad, es intentar situarnos en el tiempo al que pertenecemos y buscar dialogar en torno a la comprensión del momento histórico por el que atravesamos desde nuestros intereses como ciudadanos.
En estas lineas, como en los anteriores artículos, intentamos reflexionar los hechos manifiestos de la realidad, así como destacar en ellos algunos puntos de inflexión de nuestro proceso político-ideológico. Es una manera de contribuir a un dialogo pertinente y necesario, que debe hacerse tomando en consideración nuestra particular condición de ser venezolanos.
En nuestra visión consideramos que después de los hechos del 3 de enero se observan algunas manifestaciones de la colectividad, que podemos caracterizar como un período que ha ido de parálisis o luto a diversas reacciones y actitudes provocadas por esa situación vivida por el país que se nos vino encima. Hechos que hemos venido considerando en nuestros artículos, donde identificamos tanto reacciones contrarias al ser venezolano como también algunos elemento que podemos considerar parte de nuestra tradición como pueblo.
Pretender tener una visión integral hace más complejo el análisis de la realidad. Dada la división que vivimos en el país los hechos cotidianos, por más simples que sean, adquieren un perfil político. Veamos un hecho.
Dialogo en el supermercado. En una larga cola para pagar, una señora, de fisonomía joven pero madura, hablaba del terremoto de Colombia. Mantenía su puesto en la cola moviéndose ostentosa en torno de si, como buscando un interlocutor. Hablaba en un tono imperativo, que el terremoto fue de magnitud 7,4 y había durado 4 minutos. Luego sentenció,-fueron atendidos inmediatamente, no como sucedio aquí. Otra señora, más adulta, más simple, contesto: - Si fueron 4 minutos se debió venir abajo toda la ciudad. Continuo la señora; -pero aquí se atendió a la gente de la Guaira y enseguida se pidió ayuda. La señora que inició el dialogo respondió en tono irónico, en actitud de dirigirse a los otros que escuchaban: -¡Claro, como soy ignorante! Y continuo diciendo: -Tengo familia en Colombia y ellos me contaron. Y en la Guaira trabaja mi yerno en una moto y el me lo contó todo. La conversación no llegó a más porque llegamos a las cajas y debimos dispersarnos.
Hechos como este los encontramos por toda la ciudad y en todas las comunidades bajo distintas situaciones y variadas temáticas, todas vinculadas con la realidad nacional. En ellas destaca la agresividad a flor de piel de la gente que salta sin motivo y sin esperárselo. En el dialogo vemos sobre valoración de los otros por encima de nosotros; hay un sustrato de culpabilidad que se le asignada al gobierno que revierte sobre nosotros mismos como venezolanos, hecho que se manifiesta de manera implícita. La argumentación del discurso esta basada en el “me dijeron” de gente muy cercana. Vivimos un estado latente de conflictividad, que se hace compleja dada la crisis del país. Existe un malestar, producto de una causa no identificada presente en la población, que puede convertirse en caldo de cultivo para una mayor intensidad de conflictividad social.
Un segundo hecho, en otro ámbito y dirección. Buscando información en You Tube me encuentro con un podcast de un antiguo profesor de filosofía, residenciado en Estados Unidos, hablando de la realidad actual venezolana. Caracteriza la realidad a partir de dos reflexiones; una de Kant en torno a la Madurez del hombre en torno al pensamiento y la otra, la reflexión de Hegel sobre la dialéctica del amo y el esclavo. Además de la sorpresa, el hecho me lleno de satisfacción al encontrar a mi antiguo profesor de filosofía intentar leer la realidad venezolana desde el ámbito del pensamiento filosófico. Uno puede estar de acuerdo o no en torno al enfoque o énfasis que pone en su discurso; pero más allá de ello esta su convicción, tanto del hecho de lo venezolano, como del carácter del pensamiento filosófico como factor que da dimensión a la realidad. Esta es una iniciativa no común en el ámbito académico. El hecho representa otro signo del imperativo que exige nuestro tiempo dentro del contexto de la crisis actual venezolana, y más que pertinente es necesario el análisis de nuestra realidad política desde el marco de la filosofía política.
Dada nuestra delicada situación política-ideológica, es pertinente el comentario del profesor de filosofía en torno al concepto de Madurez kantiano, como imperativo del pensar con responsabilidad; es decir, cuando el individuo adquiere la capacidad de pensar por sí mismo, entonces deja de estar manipulado. Bajo esta condición es imperativo buscar o promover un dialogo para comprender, para encontrar aquello que no ha traído hasta aquí.
Este dialogo implica acción, lo cual nos hace recordar el planteamiento de un conocido político venezolano en una de esas tantas entrevistas que vemos en los medios. Decía el político que era necesario superar la parálisis y se debía emprender pequeñas acciones que pudieran ser victoriosas; es decir, no podemos soñar con acciones heroicas que no son posibles en nuestra actual situación.
Esa perspectiva me pareció realista y práctica, interesante. Encuentro que en esa lógica una de esas acciones podría ser potenciar aquellos valores que nos constituyen como venezolanos, que nos dan fisonomía como identidad. Esto esta al alcance de cada uno de nosotros y puede realizarse en la familia, en el grupo de amigos, con los compañeros de estudio o trabajo, con nuestros vecinos, en nuestra actividad cotidiana. Además, podemos incluso difundirlo en los mensajes que a diario hacemos a través de WhatsApp, en nuestros estado del teléfono, etc., etc.
Nuestros maestros y profesores deben volver a enseñar a cantar a la muchachada la tradicional canción escrita por Leoncio Martinez y Francisco de Paula Aguirre tan popular en otros tiempos: “Digo con mi canto / lo que yo aprendí en la escuela, / bandera de Venezuela / por qué te quiero tanto.
La acción política, estructurada, organizada, emergerá en su propio tiempo y espacio. No hay país alguno que se haya conformado sin una configuración humana y sin movimiento social.
Notas.
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(1). Para lectores interesados en éstas y otros artículos pueden en google visitar el portal de aporrea.org. Luis E. Villegas N. archivo.
(2). Trauma cultural, político, es aquella afectación que impacta severamente la conciencia colectiva de una comunidad, al introducirse cambios en su identidad por haberse roto un pilar simbólico esencial de su imaginario cultural.

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